Cada día, cientos de niños y niñas comparten mesa en los comedores escolares. Además de ser un espacio en el que cubrir sus necesidades nutricionales, el comedor constituye una oportunidad para aprender hábitos que pueden acompañarlos durante toda la vida.
Uno de ellos es aprender a valorar los alimentos y evitar su desperdicio. Reducir la cantidad de comida que acaba en la basura es un reto que implica tanto a los centros educativos como a las empresas de catering escolar y a las propias familias.
En este contexto, diseñar menús adecuados, conocer las preferencias de los alumnos y fomentar una relación responsable con los alimentos puede marcar una gran diferencia.
El desperdicio alimentario también se puede trabajar desde el colegio
Los niños pasan una parte importante de su día en el centro educativo y, para muchos de ellos, el almuerzo en el comedor es una de las principales comidas de la jornada.
Por este motivo, el comedor escolar puede convertirse en un espacio educativo en el que transmitir valores relacionados con la alimentación, el consumo responsable y el aprovechamiento de los recursos.
No se trata simplemente de decir a los niños que deben terminar todo lo que hay en el plato. El objetivo debe ser entender por qué se desperdician determinados alimentos y buscar soluciones que permitan reducirlo sin perjudicar la calidad nutricional del menú.
Diseñar menús adaptados a los niños
Una de las primeras medidas para reducir el desperdicio consiste en planificar correctamente los menús.
Las cantidades deben estar adaptadas a la edad y las necesidades de los alumnos. Servir sistemáticamente raciones demasiado grandes puede provocar que una parte importante de la comida termine desechándose.
También es importante estudiar qué platos tienen una mayor aceptación y cuáles generan más desperdicio.
Esto no significa eliminar automáticamente los alimentos que gustan menos. Verduras, legumbres, pescado o fruta deben formar parte de una alimentación variada y equilibrada. Sin embargo, pueden estudiarse nuevas recetas, combinaciones, presentaciones o formas de cocinado que faciliten su aceptación.
Los productos de temporada como aliados
Introducir frutas, verduras y otros alimentos de temporada en los menús escolares puede contribuir a una alimentación variada y a una planificación más responsable.
El otoño, por ejemplo, ofrece alimentos como la calabaza, el boniato, la manzana, la pera o diferentes variedades de verduras que pueden incorporarse a cremas, guarniciones, ensaladas y postres.
Además de aportar variedad al menú, trabajar con productos de temporada permite enseñar a los alumnos que no todos los alimentos se producen de la misma manera durante todo el año.
El propio menú escolar puede convertirse así en una herramienta para descubrir nuevos ingredientes y entender mejor de dónde procede lo que comemos.
Medir lo que realmente se desperdicia
Para solucionar un problema primero es necesario conocerlo.
Los centros y servicios de catering pueden analizar periódicamente qué cantidad de comida se desecha y, especialmente, qué platos generan un mayor volumen de desperdicio.
Por ejemplo, si durante varias semanas se observa que una determinada preparación vuelve prácticamente intacta de muchas mesas, existe una información muy valiosa.
¿La ración es demasiado grande? ¿La receta tiene poca aceptación? ¿Su presentación podría mejorarse? ¿Existe otra forma de introducir ese mismo alimento?
A partir de estos datos es posible realizar pequeños ajustes en la planificación de los menús.
Implicar a los niños
La reducción del desperdicio alimentario funciona mejor cuando los alumnos comprenden por qué es importante.
El comedor escolar puede incorporar pequeñas actividades educativas adaptadas a cada edad: descubrir cómo se cultivan determinados alimentos, conocer las frutas y verduras propias de cada estación o explicar qué ocurre con la comida que tiramos.
También pueden plantearse iniciativas sencillas, como observar durante una semana qué alimentos sobran más o establecer pequeños retos colectivos para reducir el desperdicio.
De esta manera, los niños dejan de ser simples usuarios del comedor y participan activamente en la construcción de hábitos más responsables.

La importancia del personal del comedor
Los monitores y profesionales que acompañan a los alumnos durante las comidas también desempeñan un papel fundamental.
Animar a probar nuevos alimentos, respetar el ritmo de cada niño y generar un ambiente tranquilo puede ayudar a mejorar su relación con la comida.
La presión excesiva puede conseguir precisamente el efecto contrario. La educación alimentaria debe desarrollarse progresivamente, especialmente cuando se introducen sabores, ingredientes o texturas que todavía resultan poco familiares.
Catering escolar, nutrición y sostenibilidad
Un servicio de catering para colegios no consiste únicamente en preparar y transportar comida. La planificación nutricional, la seguridad alimentaria, la variedad de los menús y la gestión responsable de los alimentos forman parte del servicio.
En Cantàbrico, entendemos el comedor escolar como un espacio en el que alimentación y educación van de la mano. Por eso, trabajamos para ofrecer menús variados y adaptados a las necesidades de los centros y de sus alumnos, teniendo en cuenta tanto el equilibrio nutricional como la importancia de fomentar buenos hábitos desde la infancia.
Reducir el desperdicio requiere observar, medir y mejorar continuamente. Pequeños cambios en las raciones, las recetas o la planificación pueden representar una diferencia importante cuando se aplican diariamente en un comedor escolar.
Educar para valorar los alimentos
Los hábitos adquiridos durante la infancia pueden influir en nuestra relación con la alimentación durante muchos años.
Enseñar a los niños a probar nuevos alimentos, conocer los productos de temporada y comprender el valor de aquello que tienen en el plato convierte el comedor escolar en mucho más que un lugar donde comer.
Con la colaboración entre colegios, familias y empresas de catering escolar es posible avanzar hacia comedores más saludables, educativos y responsables, en los que reducir el desperdicio forme parte del aprendizaje diario.









